Uno de los momentos que más se prestan para la reflexión de la fe en nuestros muchachos es la oración, que puede ser tan alegre o significativa como se quiera.
Sobre la oración Baden Powell decía:
"Dejemos que las oraciones nazcan del corazón, no las repitamos de memoria."
Los principios esenciales que personalmente prefiero en las oraciones son:
que sean cortas, que se expresen en lenguaje más simple posible y que se basen en una de estas dos ideas;
- Agradecer a Dios por bendiciones recibidas, pedir protección moral, fuerza o consejo haciendo algo por Dios a cambio.
- Las oraciones que aquí hay pueden servir de referencia para algunos momentos, son bonitas e incitan a la reflexión.
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DEL LOBATO/LOBEZNA:
Dulce y buen Señor mío, enséñame a ser humilde
y bondadoso, a imitar Tu ejemplo, a amarte con todo mi corazón y a
seguir el camino que ha de llevarme al cielo junto a Tí. Así
sea.
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DEL SCOUT:
Señor, enséñame a ser generoso, a servirte como lo mereces,
a dar sin medida, a combatir sin miedo a que me hieran, a trabajar sin descanso
y a no buscar más recompensa que el saber que hago Tu santa voluntad.
Así sea.
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DEL SCOUT MARINO:
Infúndenos, ¡oh Señor! a nosotros los Scouts Marinos,
el espíritu de valor y fortaleza que nos legaron los viejos lobos
de mar de otros tiempos, que sepamos hacer nuestras todas las nobles tradiciones
que ellos establecieron. Y en la soledad de las largas horas de travesía,
sepamos encontrar el camino hacia tu corazón, y en este refugio aprendamos
a armarnos de valentía para afrontar las dificultades de una vida
llena de azares y esfuerzos. Así sea.
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DEL CAMINANTE:
Señor ayúdame a encontrar la fortaleza del viejo roble para
que ningún triunfo me envanezca, la alegría de la naturaleza
para que ninguna soledad me abata, la libertad del ave para elegir mi camino,
y la voluntad del caminante para seguir siempre adelante y servir.
Así sea.
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DEL ROVER :
Dame Señor: un corazón vigilante, que ningún pensamiento
vano me aleje de Tí; un corazón noble, que ningún afecto
indigno rebaje; un corazón recto, que ninguna maldad desvíe;
un corazón fuerte, que ninguna pasión esclavize; un corazón
generoso, para servir. Así sea.
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DEL JEFE:
Señor, Tú que me diste el deber de dirigir, dame ahora la alegría
para trabajar, seguridad para disponer y humildad para servir. Convierte
en fortaleza mi debilidad, en madurez mi inexperiencia, en habilidad
mi torpeza y en serenidad mi impaciencia. Quiero, con tu ayuda generosa,
realizar la misión que me has encomendado. Así sea.
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DE LA FOGATA:
Que las llamas se eleven hasta el cielo y con ellas el
corazón de los mortales; y que el crepitar de sus candentes brasas
llene al mundo de amor, luz y alegría; y que el Señor
bendiga esta noche a todos los que estamos reunidos en torno a ella.
Así sea.
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DE LOS PADRES:
Señor, Tú que nos diste el don de la paternidad, ayúdanos
a comprender a nuestros hijos, a guiarlos por el camino correcto de sus
inquietudes, a tener paciencia para corregir sus desvíos y a respetar
su persona, para tener la satisfacción de hacer de ellos unos hombres
a imagen y semejanza tuya. Así sea.
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